Corredor Andes-Atlántico: el acuerdo clave con EEUU
El Corredor Andes-Atlántico se convirtió en la pieza central del respaldo económico que Estados Unidos le tendió a la Argentina durante la gira de Javier Milei por Nueva York. El esquema, anunciado en redes por el embajador estadounidense Peter Lamelas, contempla financiamiento por hasta US$7.000 millones hacia 2027 para infraestructura y capacidad productiva. No es un desembolso inmediato: funciona como un marco para identificar proyectos y facilitar préstamos, garantías, seguros e inversión privada, canalizados por organismos como el Export-Import Bank (EXIM) y la DFC.
Qué financia el Corredor Andes-Atlántico
El foco está puesto en energía, minería, transporte y tecnología. Vaca Muerta aparece como gran prioridad, con herramientas para financiar gasoductos, oleoductos, redes eléctricas y capacidad de transporte que hoy son cuellos de botella. El proyecto Argentina LNG, liderado por YPF junto con ENI y XRG, concentra buena parte del potencial: EXIM presentó una propuesta preliminar por hasta US$6.000 millones, todavía en instancia indicativa.
La minería es el otro eje. Washington busca asegurar cadenas de minerales críticos, con especial interés en el litio y el cobre del NOA, y para eso el corredor apunta a conectar las provincias mineras con ferrocarriles de carga, la Hidrovía Paraná-Paraguay y puertos del Atlántico. El acuerdo también abre la puerta a que empresas estadounidenses participen como proveedoras de tecnología, maquinaria y servicios.
Una jugada regional
El corredor es el primero de la Partnership for Global Infrastructure and Investment en el Hemisferio Occidental. Argentina entra por una combinación poco frecuente: petróleo, gas, litio y cobre en un mismo paquete. La letra chica dirá cuánto de esos US$7.000 millones se traduce en obra real.
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