Virtudes intelectuales: la curiosidad abre camino
Las virtudes intelectuales se pueden entrenar, y algunas parecen abrir la puerta a las demás. Un estudio argentino encontró indicios de que la curiosidad podría ocupar un lugar inicial en el desarrollo de otras disposiciones del pensamiento, como la atención y la autonomía para razonar por uno mismo.
Qué midió el estudio sobre virtudes intelectuales
La investigación, publicada en la revista científica International Journal of Applied Positive Psychology, siguió durante un año a 521 estudiantes universitarios y analizó cinco rasgos: curiosidad, atención, apertura mental, meticulosidad y autonomía intelectual. El trabajo estuvo a cargo de Claudia Vanney y Belén Mesurado, del Instituto de Filosofía de la Universidad Austral y del Conicet.
Los estudiantes que en la primera medición mostraban mayor curiosidad tendían a registrar, un año después, aumentos en atención y autonomía. Como ninguna otra virtud predijo luego un incremento de la curiosidad, las autoras plantean que podría funcionar como una virtud “fundacional”. La atención apareció como el otro eje central: se asoció con mejoras posteriores en meticulosidad, apertura mental y autonomía.
Alcances y límites
Las propias investigadoras piden cautela: los efectos son modestos, se trata de tendencias probabilísticas y no de una relación de causa y efecto. El estudio tuvo solo dos mediciones separadas por un año, se basó en cuestionarios de autorreporte y no midió el rendimiento académico. Además, todos los participantes pertenecían a una misma universidad, lo que limita generalizar.
Aun así, deja una idea potente: la curiosidad y la atención no dependen solo del talento individual y pueden trabajarse en el aula. En la Austral, doce grupos de docentes rediseñaron sus materias para ejercitar estas virtudes. ¿Creés que la escuela debería enseñar a pensar, y no solo contenidos? Te leemos.
Fuentes:
Infobae